viernes, 17 de septiembre de 2010

EL BILLETE DE 10 EUROS

El Bilete de 10€


El Biilete de 10€
Cargado originalmente por LaVisitaComunicacion
EL BILLETE DE 10 EUROS

Txema había tenido una semana horrible, su novia se había enfadado y su jefe no había valorado su trabajo. Cabizbajo, se reunió con su amiga Seby en un bar a tomar café. Deprimido, comenzó a descargar en ella sus angustias: ¡que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación...!. Todo iba mal en su vida, y él ya no tenía ni ganas ni fuerzas para luchar.
De repente, Seby introdujo la mano en su bolso, sacó un billete de 10 euros y le dijo: “¿Lo quieres?”. Txema, un poco confundido, le contestó: “Claro... son 10 euros, ¿quién no los querría?”. Entonces Seby tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo una pequeña bola. Mostrando la estrujada pelotita a su amigo, volvió a preguntarle: “Y ahora, ¿lo quieres también?”. “No sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 10 euros. Claro que lo cogeré si me lo das”. Seby desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo pisoteó con el pie, levantándolo luego sucio y marcado: “¿Lo sigues queriendo? “Mira, no entiendo a dónde quieres ir a parar, pero es un billete de 10 euros, y mientras no lo rompas, conserva su valor”.
A lo que ella respondió: “Txema, debes saber que aunque a veces algo no salga como deseas, aunque la vida te “arrugue”, sigues siendo tan valioso como siempre has sido... Lo que debes recordarte es cuánto vales en realidad, y no darle tortuosas vueltas a lo abatido que puedas estar en un momento determinado de tu vida”.
Txema se quedó mirando a su amiga sin decir palabra, mientras el impacto del mensaje calaba en su cerebro. Seby puso el arrugado billete a su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó: “Toma, guárdalo, para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal... pero me debes un billete nuevo para poder usarlo con el próximo amigo que lo necesite”. Le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia la puerta. Txema volvió a mirar los 10 euros, sonrió, se los metió en el bolsillo y con una renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta...

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